
Por JOSE LUIS SILVA
aquí un discurso fechado en junio de 1999, es de un nativo guaraní y es digno de leerse y sobre todo tomarse mucho en cuenta
CARTA DE UN CACIQUE INDIO
¿QUIEN LE DEBE A QUIEN? - LA VERDADERA DEUDA EXTERNA
(Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuautémumoc ante la reunión de Jefe de
Estado de la Comunidad Europea)
Con lenguaje simple, que era transmitido en traducción simultánea a más de un
centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Económica Europea, el
Cacique Guaicaipuro Cuautémoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo: "Aquí
pues yo, Guaicaipuro Cuautémoc he venido a encontrar a los que celebran el
encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil
años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años.
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir
a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a
quien nunca autoricé venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses,
aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo
reclamar intereses.
Consta en el archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma
sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de
Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de
América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos
cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tonantzin
de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su
hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las
Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a
ultrosos
como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual
civilización europea se debían a la inundación de metales preciosos. ¡No! Esos
185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como
el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al
desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de
guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir devolución inmediata, sino la
indemnización por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuautémoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas
hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan
"Marshalltezuma", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa,
arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores
del
álgebra, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos
preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o
por
lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo
Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas
invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro
destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá,
pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años,
tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las
rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y
provee
todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual
una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para
su
propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos
demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos
rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias
tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le
cobran a los pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados,
más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos
300 años, con 200 años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto,
informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una
masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la
potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300
cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.
Muy pesadas son esas monedas de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en
sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas
suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su
absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del
capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los
indoamericanos.
Pero sí exigimos la firma de una Carta Intención que discipline a los pueblos
deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso
mediante
una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla
entera, como primer pago de la deuda histórica..."
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuautémoc dio su conferencia ante la reunión de
Jefes de Estado de la Comunidad Europea, no sabía que estaba exponiendo una
tesis
de Derecho Internacional para determinar la VERDADERA DEUDA EXTERNA, ahora sólo
resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el
reclamo ante los Tribunales Internacionales.
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